Cultivando sexos

¿Cuántas veces hemos oído hablar de las semillas feminizadas? ¿Y cuántas de estas veces hemos pensado “¿¿¿pero eso qué es???”. O sea que nos ponemos manos a la obra, decidimos conseguir unas semillas, lograr la atmósfera perfecta, mimamos a nuestra planta y de pronto ¿las semillas nos salen machos? Y los machos no nos sirven, sólo nos sirven las hembras, como si la cosecha fuera un festival feminista. Para los que, como yo, no tengan ni idea de qué es esto de los sexos vegetales, van estas pinceladas: al parecer, estas semillas (también llamadas cáñamo) se crían de modo que no contengan cromosomas masculinos. Así, se garantiza que florecerán como hembras, y no tendremos el farragoso trabajo de, como un sexador de pollos, identificar qué flores nos sirven y cuales debemos desechar. ¿Qué en qué se diferencian? No lo sé, no puedo ni imaginármelo, pero ¿para qué queréis saberlo? ¿No hemos dicho que podemos ir a tiro hecho desde la raíz, y nunca mejor dicho? Pues eso. Tanto si lo tuyo es un consumo lúdico y recreativo (es decir de risas y ataques de ganas de dulce tras la fumada) como el uso de marihuana medicinal (sin tantas risas y más paliativo, sedante, calmante), alguien ha hecho el trabajo por ti. Luego están también las semillas autoflorecientes que facilitan más aún el cultivo, y ya, para rizar el rizo, se dice, se rumorea, que hasta existe un producto que por medio de un spray es capaz de invertir del sexo de tu planta haciendo que la mayoría de tus flores sean femeninas. No quiero ni imaginar los resultados que este spray tendría en humanos… e incluso en plantas todo suena un poco a ciencia ficción, pero vaya que… ¡si no presumes de planta femenina es porque no quieres!




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